21.8.06

tempus fugit (10-6-2005)

Las gotas de agua resbalaban por mi rostro disimulando las lágrimas que él, una vez más, me provocó. Intentaba correr pero el viento me lo impedía y puede que también mi cabeza...quería alejarme, pero algo dentro de mí no me lo permitía. Quizás el viento era tan sólo un reflejo de mi interior. - Estoy enganchada - pensé en voz alta. Efectivamente...lo estaba. A su cara, a su cuerpo, a sus palabras, a la poesía que desprendía de cada poro de su piel, no sabía si lograría olvidarlo. Quería huir de esa pesadilla, pero mi adicción era más fuerte.

La avenida por la que me adentraba estaba agitada. Los árboles parecían querer decirme algo, sus hojas chocaban unas con otras, sus ramas se quebraban y caían al suelo, derrotadas. Las personas corrían de un lado para otro intentando cobijarse de la lluvia, la mayoría no lo conseguían, pero no desistían...yo sí.

Finalmente llegué a casa, empapada de la cabeza a los pies, mareada de tantos pensamientos fugaces agolpados en mi mente, y como cada día, al abrir la puerta y ver que nadie me esperaba, me sentí sola.

Encendí un cigarrillo y me tiré sobre el sofá. Fui saboreando cada calada, observando como cada una de ellas acababa consumiendo el cigarrillo. - Nada es para siempre - volví a pensar en voz alta.

Todo acaba consumiéndose.

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