Cuando era pequeña, y a pesar de no provenir de una familia adinerada, yo estudiaba en un colegio privado. Creo que a esas edades, al volver al colegio después de las vacaciones a todos nos mandaban los mismos deberes: una redacción contando lo que habíamos hecho en verano.
Yo, que tengo una familia de clase media, presumía de pasarlas en un chalet, a 20 km de Valencia, que tenía piscina y que, por cierto, es mi casa actualmente. Mis "amigos", el resto de niños de mi clase, podían contar sus viajes a parís, a disneylandia, a américa, a italia...y no es que me muriera de envidia, porque yo tenía mi chalet con piscina, pero sí que me quedaba con la boca abierta cuando contaban que habían visto la torre eiffel, o que habían podido hacerse una foto con bugs bunny. ¡Imaginad lo que es eso para una niña!
Hoy, después de unos cuantos años, voy a vengarme de esos niños, porque este año YO, haciendo los deberes, puedo escribir en mi redacción que he estado en Roma, que vi el pantheon, el coliseo, que me hice una foto con un gladiador y que me regalaron una rosa mientras anochecía frente a la Fontana di Trevi. ¿Podéis superar eso, estúpidos niños ricos?Pues ala, allá voy.
Era la primera vez que viajaba en un avión y estaba algo (o bastante...o muy) nerviosa. Subo, busco mi asiento y me doy cuenta de que me han colocado justo al lado de una de las alas...mira, si se rompe una, seré la primera en enterarme...¡qué ilusión! Pero que va...luego no me dio tanto miedo, aunque eso sí...¡vaya con los cambios de presión! ¡Menudos mareitos! Y el señor azafato italiano era más majo...nos ofrecía helados de "vanila o chocolata" con una enorme sonrisa.

Bajamos del avión y ya en el tren, camino del hotel, hacemos un amigo italiano que nos previene sobre sus paisanos: "Los italianos son muy buitres, yo prefiero España". Llegamos a nuestro destino, dejamos las maletas y nos entra hambre. ¡Pues habrá que comer! Pero claro, a ver quien se pone a buscar donde comer a las ocho de la tarde un lunes en las afueras de Roma...pues fuimos a parar a un turco en el que hacían pizzas para llevar. Cuál fue nuestra sorpresa cuando, al entrar, vimos una peculiar decoración de una de las paredes del turco. ¿Que qué había?

Sí, señoras y señores, eso es un mural dedicado a la ciudad de Sevilla y lo demás son tonterías. ¿Puede haber situación más surrealista?Después del shock inicial, pedimos nuestras pizzas, cenamos y a la cama, que mañana empieza nuestra visita.
El primer día pasamos por la plaza de la República, por el teatro de la ópera y nuestra primera gran parada la hicimos en el Coliseo. ¿Qué puedo contaros? Es impresionante. Estos romanos eran unos exagerados para todo, no hacían una fuentecita y ya...¿pa' qué? Ellos todo a la grande, que se vea bien. Y hay que ver que bien lo hacían... En los alrededores del Coliseo hay personajes disfrazados de gladiadores que, en la guía que llevábamos a cuesta, decían estar encantados de hacerse una foto contigo. Sí, claro, encantados de robarte 2 euros por ponerte junto a ellos y que te saques una foto con tu propia cámara. ¡No son listos! Pero bueno, me hizo gracia un grupo de tres subidos en un pedestal y quise preguntar el precio.
- Escusi, cuanto costa?
- Cinque euros
- Uy, quita, que es muy caro.
- ¿Qué pasa? ¿Eres catalana?
(Aquí mi cara de flipping era importante romano:1 naila:0)
- No hijo, soy estudiante.
(romano 1, naila 1)
- Pues si eres estudiante bien que te has pagado unas vacaciones en Roma
(romano 2, naila1)
Está bien...agacho la cabeza resignada y me voy a hacer cola, que quiero ver el Coliseo.
Lo que os decía, es impresionante. Cogimos una audioguía que nos iba explicando la historia del lugar: donde se sentaban las mujeres, donde se sentaban los hombres según su clase social, donde guardaban a los animales, cómo se desarrolllaban las actividades, las vistas desde el Coliseo, el arco de Constantino, el templo de Venus, los restos de columnas y de grabados...una maravilla.


En lo alto del Coliseo, además, hay una exposición de esculturas y demás de la época, también con su debida explicación. Así que ya puedo decir que he visto la cara de Sócrates, Cínico, Platón y muchos más, que quieras que no...te hace ilusión.
Por la tarde (sí, estuvimos toda la mañana en el Coliseo, ya os digo que es enorme) fuimos al foro romano y al palatino, no sin antes comer algo sentados en una fuente romana de la que sólo quedaban los cimientos, y rodeados de chinos (qué de chinos hay en roma...). Estos romanos sí que sabían montárselo, ¡menudo foro! Vamos, eso comparado con lo que llamamos monumentales centros comerciales de ahora...ya quisiéramos nosotros.


Y por la noche, después de unas diez horas andando sin parar, al turco surrealista a cenar algo y a la camita, que estamos cansados y mañana hay que madrugar.
El segundo día habíamos concertado previamente una excursión a la isla de Capri que parecía no prometer mucho y al final nos equivocamos. Fuimos en autobús hasta uno de los puertos de Nápoles, donde cogeríamos un barco que tardaría unos 45 minutos en llegar a Capri. Nuestros acompañantes durante el viaje eran el 80% chinos y otro 10% de habla inglesa, así que poca conversación tuvimos. Pero bueno, al menos tuvimos la suerte de explorar Capri con Horatio Caine. Sí, el de CSI Miami, ¿que no me creéis? Para muestra, un botón.

¿Me creéis ahora? Clavadito el tío, y encima de Miami.
Capri nos gustó mucho a pesar de que no pudimos visitar la gruta azul porque la marea estaba alta. Es una isla, como dicen ahora, con encanto y dedicada al turismo por completo. Además, nos dieron a probar el limoncello, un licor de limón típico de allí (que por cierto, es bastante fuerte) y pudimos conocer su trabajo con la madera, único en el mundo.


Volviendo a Nápoles, entre cabezada y cabezada, vimos el Vesubio, al que no tuvimos ocasión de acercarnos, y los Apeninos (¿Recordáis a Marco buscando a su madre? ays...que tiempos aquellos) cuando ya íbamos camino de Roma.

Ha sido un día precioso, pero todavía queda mucho viaje por delante. Si queréis saber más...otro día os lo cuento.